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27 Abr 2010La música de la Polinesia está directamente relacionada con los instrumentos de cuerda como las guitarras, así también con el ritmo Hawaiian Hula y otras formas de música que fueron obtenidas a través de los visitantes. Actualmente existe una gran variedad de música y de hacerla. La gran parte de música producida y creada en la Polinesia tiene importante influencia europea, americana y del Asia del Este, originada por la llegada de muchos navegantes de estas regiones en las islas de la Polinesia. Sin embargo, el caso de la música de Tonga es de rescatar pues a pesar de las influencias y del tiempo es el mejor caso de conservar lo autóctono ya que su cultura musical tradicional no ha tenido mucha evolución.
En esta región las letras de las canciones están lejos de ser lo más importante de la música, todo el interés están reflejados en el acompañamiento de las melodías porque los habitantes de la Polinesia son partidarios de cambios inesperados, en otras palabras, les gusta variar; a veces cambian por ejemplo alguna canción de Western pop a otra canción de estructura moderna. Los elementos como el ritmo, melodía, armonía y danza son tradicionalmente tomados en cuenta para realizar los acompañamientos de muchos temas, en cambio las letras las consideran como adorno, para embellecer, ilustra y decorar las canciones.
Navegando por la red y saltándo de blog en blog nos hemos topado con ésta preciosa ilustración de Marcos Navarro sobre Tangaroa, la cuál nos ha animado a contaros algo más sobre mitología polinesia:
Para quienes no conozcan la leyenda, Tangaroa es uno de los grandes dioses de la mitología polinesia, concretamente el dios del mar.
Él es un hijo de Ranginui y Papatuanuku, Cielo y la Tierra.
Hermano de Rongo, Tūmatauenga, Haumia y Tane, todos se separan de sus padres, y Tangaroa, atacado por su hermano Tawhirimatea, el dios de las tormentas, se ve obligado a esconderse en el mar.
Tangaroa es el padre de muchas criaturas marinas, como Ikatere, el antepasado de los peces, y el Tu-te-wehiwehi (o Tu-wanawana te-), el ancestro de los reptiles.
Aterrorizados por embestida Tawhirimatea, los peces buscan refugio en el mar, y los reptiles en los bosques. Desde entonces, ha Tangaroa quedó resentido con Tane, el dios de los bosques, ya que ofrece refugio a sus hijos fuera de control.
La disputa entre Tangaroa y Tane, el padre de las aves, los árboles, y los seres humanos, es una indicación de que los maoríes pensamiento del mar y la tierra como reinos opuestos. Cuando la gente sale a la mar para pescar o viajar, están en efecto los representantes de Tāne entrar en el terreno del enemigo de los Tāne. Por esta razón, se hacían también ofrendas a Tangaroa antes de cualquier expedición por el bosque.
La Polinesia Francesa vuelve a ser escenario de un filme, desde que, en 1979, Jan Troell rodara la película ‘Huracán’.
En esta ocasión podemos disfrutas de “Todo incluído”, escrita por Vince Vaugh, Jon Favreau y Dana Fox, y dirigida por Peter Billingsley, Couples Retreat (en su título original).
La Oficina de Turismo de Tahití y sus islas se estrena en Facebook con el regalo de entradas dobles para ver la nueva comedia romántica de Universal Pictures “Todo Incluido”. Los 50 primeros fans del perfil Tahiti Tourisme España que cuenten qué sensaciones despiertan en ellos Tahití y sus islas, podrán deleitarse en pantalla grande con impresionantes imágenes de Bora Bora, donde se rodó la película.
La película, estrenada el pasado sábado 30 de enero en nuestro país, cuenta en el reparto con famosos actores como Vince Vaughn, Kristin Davis o Jean Reno. Los lujosos bungalows del romántico St. Regis Bora Bora Resort han sido los escenarios en los que gira la trama de la comedia.
El film narra las peripecias de cuatro parejas que viajan a un idílico resort en el Pacífico Sur. En su estreno en EEUU, la película superó todas las expectativas y llegó a situarse en el primer puesto de la taquilla.
Por su ubicación, rodeado de aguas cristalinas, el hotel St. Regis Bora Bora Resort fue seleccionado como escenario perfecto para este filme. Este resort de cinco estrellas está en el islote de Motu Piti Aau (‘Dos corazones’ en tahitiano). Cuenta con tres pabellones diferentes en 1.170 metros cuadrados y está rodeado por arenas blancas y una laguna idílica.
Las aguas calientes de las lagunas polinesias, albergan desde hace miles de años una maravilla, la ostra perlera de labios negros, o ”Pinctada margaritifera”, variedad de la ostra perlera Cumingi, nombre del biólogo que la clasificó en 1920.
Está compuesta de finas capar de nácar que contienen substancias orgánicas y carbonato de calcio en forma de aragonita.
Este nácar perlero es único, surgido del excepcional medio ambiente lagunero de Polinesia, y dicha unicidad le viene dada por la capacidad que tiene de engendrar tintes naturales, incomparables, porque no decirlo, que transmite a su vez a las perlas de cultivo, hoy en día verdaderas joyas.
La perla de Tahití se ha convertido en el símbolo de la elegancia y belleza en el mundo entero.
Ya sea redonda y perfecta, con forma de pera y romántica, barroca y moderna, de color verde tornasolado, azulada, dorada, rosada o simplemente gris mofletuda, la perla brilla por su lustre, y está llena de encanto.
Cada visitante desea llevar consigo una perla de Tahití, símbolo de prestigio, que represente a la vez los momentos inolvidables de sus vacaciones en Polinesia. La perla siempre ha sido objeto de deseo. Ya en la Grecia Antigua, hombres y mujeres levaban collares y brazaletes. Durante la Edad Media, las perlas estaban equiparadas a las piedras preciosas para la fabricación de objetos decoraticos. Más tarde solían ser utilizadas para adornar vestido. Hoy en día se montan en anillos, brazaletes, collares y pendientes.
Toda mujer ha deseado secretamente poseer una perla, la perla, joya de ensueño de las mil y una noches, que encierra un toque mágico y simbólico de seducción y perfección.
Dos acontecimientos han aumentado enormemente el reconocimiento internacional de las perlas Tahitianas.
Primero, el Instituto Gemeológico de América reconoció oficialmente el color natural de las perlas cultivadas de Tahiti en 1976.
Segundo, la Confederación Internacional de Joyería, Platería, Diamantes, Perlas y Piedras (CIBJO) adopta el termino comercial “Perla Cultivada de Tahiti” en 1989.
Para los visitantes que deseen sumergirse en los secretos de las explotaciones perleras, desde PolinesiaViajes.com os recomendamos la visita a una granja de perlas en la isla deTahaa o en las islas bajas del Tuamotu.
Gauguin es el ejemplo que representa el mito del bohemio y del primitivismo. Él encarna la necesidad de unir arte y vida. Rechaza la cultura de Occidente y abandona la civilización en pro de los pueblos primitivos. También rechaza lo académico, valora la máscara africana, el arte románico y todas aquellas tendencias que estaban fuera de lo habitual. Él valora este tipo de arte no por lo que tiene de curioso y diferente, sino por su autenticidad. Ante todo busca el encontrarse a sí mismo. Y al refugiarse en mundos diferentes, encuentra la paz.
En la primavera de 1891 Gauguin viajó rumbo a Tahití en busca de una redención artística, una búsqueda de lo primitivo y exótico que le ayudase a encontrar el camino por el cual podría purificar su arte, según sus propias palabras, “Occidente está podrido (…) y todo el que es Hércules puede, como Anteo, cobrar nuevas fuerzas tocando el suelo de allá lejos. Y volver uno o dos años después, sólido”.
Y efectivamente, tras dos años de paradisíaca estancia en Polinesia, la falta de dinero y la sífilis hicieron a Gauguin volver a París.
Pero regresó de nuevo a Tahití tras darse cuenta de que su lugar ya no estaba entre sus colegas de la vieja Europa. ” ¡Qué vida tan tonta, la forma de vida de los europeos!”. El 3 de abril de 1894, Gauguin abandona Europa, a la que jamás volvería en vida.

De vuelta a las Islas, Gauguin se siente liberado, libre de cualquier corsé artístico y social. En su progresiva separación de cualquier vestigio de la sociedad europea, abandona Papeete y se traslada a una cabaña en el interior del país, donde no duda a la hora de convertir a la mujer tahitiana en la nueva imagen de la Eva artística. El artista nunca ha ocultado su admiración por las jóvenes tahitianas, incluso por las demasiado jóvenes (su amante Pau’ura tiene apenas 14 años).
En septiembre de 1901, Gauguin abandonó Tahití con destino a las Islas Marquesas. Se estableció en Hiva Da, principal isla del archipiélago de las Islas Marquesas, y establece su casa sobre terrenos de la Iglesia Católica. Antes de partir, pinta una bonita despedida a Tahití en su ” Idilio en Tahití”.
La figura femenina sigue siendo una parte fundamental en su temática. En ” Contes barbares” Gauguin vuelve a loar la belleza polinesia representando a dos bellas muchachas sentadas, tras las que aparece la misteriosa figura del poeta Meyer de Hann, amigo parisino de Gauguin. No deja de resultar curioso, abierto a múltiples interpretaciones, que la figura del occidental se nos presente como un demonio de ojos felinos y afiladas garras.

Gauguin comienza pronto a intuir su cercana muerte: su deterioro físico es ya imparable, y el artista siente, por primera vez en años, impulsos de regresar a Europa. Aún así saca fuerzas para pintar. Sus composiciones de estos últimos años están llenas de metáforas relacionadas con la muerte, como es evidente en su última obra maestra, las dos versiones de “Jinetes en la playa”. En esta especie de tributo a las pinturas de carreras de Degas, Gauguin ha representado a los jinetes en una playa aparentemente infinita. Toda la pintura está impregnada del melancólico sentimiento de una despedida, como prediciendo la muerte del propio artista pocos meses después: los jinetes se aproximan tranquilamente hacia la costa, donde una ola rompiente marca el límite entre la tierra y el mar -o entre la vida y la muerte- de donde dos misteriosos y coloridos espíritus han aparecido, quizás para acompañar a los vivos en su último viaje. La hermosa y colorida obra es el testamento pictórico de Gauguin y una elocuente oda a la vida polinesia.
El 8 de mayo de 1903, en medio de problemas físicos, económicos y judiciales, Gauguin murió. Cuenta la leyenda, la no siempre fiable y verídica leyenda, que los nativos, al enterarse de su muerte, gritaban: “¡Gauguin ha muerto! ¡Estamos perdidos!”.